Holanda - Abián San Gil - Landscape and Night photography

Holanda

Viajé a Holanda casi que por casualidad. No estaba planeado, pero por un compromiso tenía que estar en el Norte de España en una fecha determinada, así que decidí concatenar varios vuelos para darme un salto en solitario a un país completamente desconocido para mi. Llegué al Aeropuerto Internacional de Schipol con lo puesto y una mochila donde cabía mi equipo fotográfico y un poco de ropa. Cogí un coche que sería mi vivienda durante los siguientes días y me lancé a recorrer el país. Primera parada: Ámsterdam.



La ciudad es conocida por sus canales, presentes practicamente en todas las calles principales, y que ofrecen unos reflejos increíbles durante la noche. Damrak y la Estación Central son puntos clave de Ámsterdam, donde a todas horas del día hay gran cantidad de personas y turistas. A pesar de ser una gran ciudad, los locales me sorprendieron gratamente con su amabilidad y el empeño que ponían muchos hablando en Inglés para ayudarme.



Luego de una larga noche en el centro de la ciudad, conduje hacia el Norte hasta llegar a Zaandam, ciudad donde abrió el primer McDonald’s de Europa. Afortunadamente, la zona no es conocida por ninguna cadena de comida rápida. Todo lo contrario, el sitio más icónico de Zaandam es Zaanse Schans, sus molinos y sus granjas de queso con cientos de años de tradición. Comencé a sacar fotos allí bastante antes del amanecer. De hecho, las dos horas que dormí fue practicamente en la entrada del lugar.



Durante el resto del día no hubo una luz interesante, así que me dediqué a visitar otras ciudades como Harleem, incluso me di una vuelta rápida por Rotterdam para fotografiar las Casas Cubo y ver el Erasmusbrug. Lamentablemente ese día era la famosa Maratón de Rotterdam y el tráfico era un caos: me fue imposible llegar a mi objetivo, aunque si pude disfrutar del espectacular puente que conecta el Norte y Sur de la ciudad. Por recomendación de mi amigo David de Viaje Sideral visité Marken. Una antigua isla (ahora forma parte de la península ya que tiene un acceso por carretera) de la que ni siquiera conocía su existencia. De nuevo, el ambiente rural me volvió a sorprender. Es increíble como a tan pocos kilómetros de Ámsterdam se encuentra esta joya que parece sacada de un cuento.



No podía visitar Holanda en primavera sin pasar por el lugar que se había convertido casi en una obsesión para mi: los campos de tulipanes. Tengo que agradecer enormemente a Albert Dros que me ayudase a localizar las zonas donde había tulipanes ya florecidos, porque aunque no lo parezca, Flevoland es inmenso. Mires para donde mires, solo alcanzas a ver campos infinitos. Un par de horas antes del atardecer estaba comprando algo de comer en Zeewolde al mismo tiempo que Albert me enviaba capturas de pantalla de Google Maps. Si no hubiera sido por él, estoy seguro que no los hubiera encontrado.

Conduje a toda velocidad hacia el punto que me había indicado (entre la N305 y la N704) y allí estaban. Entre grandes granjas, infinitos campos de flores. Me infiltré en dos mientras algun granjero me echaba el ojo. Creo que acostumbran a ver muchos fotógrafos por allí, porque en cuanto se percató de lo que estaba haciendo, dejó de fijarse en mi.



Me apena que casi todos aquellos que viajan a Holanda se queden en lo más genérico. La mayoría no ve más alla de Ámsterdam o de los coffee shops. Holanda ofrece muchísimo más, sobretodo en las zonas no masificadas, donde se pueden vivir en primera persona las tradiciones y la belleza de sus paisajes. Yo estoy deseando volver a por otras muchos fotos que tengo en mente y a muchos otros lugares con un encanto especial.


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